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Zapatos Oxford

Zapatos Oxford hombre

Un zapato mal escogido o de mala calidad puede arruinar el look más cuidado. Sin embargo, cuando la lección es buena, puede disimular un traje de mediana calidad puede disimular un traje de mediana calidad.
Los zapatos son los cimientos de cualquier estilismo. Por ello, no se equivocan quienes afirman que no existe pieza más fundamental en el armario del caballero. Modelos de calzados hay muchos, pero si existe un zapato cuya belleza se ha ganado, desde 1830, el privilegio de calzar a los hombres más elegantes del planeta, ese ha sido, sin lugar a dudas, el modelo conocido como Oxford.

Zapatos Oxford hombre

Fácilmente reconocible por su costura prusiana y por constar de dos palas (áreas laterales del zapato) cosidas bajo la parte delantera, los zapatos estilo Oxford, además de por su refinamiento, se distingue por su formalidad y versatilidad. Y son precisamente estas dos características las que lo convierten en un icono imprescindible. Sí la formalidad permite que el zapato Oxford acompañe a los conjuntos que se visten en ocasiones formales y en los actos de noche, es la versatilidad la cualidad que logra qué siente igual de bien con un chaqué que con unos sencillos vaqueros.

Los Oxford lisos permiten afrontar, con todo tipo de garantías, cualquier acto y situación. Sin embargo, la reinvención constante de este clásico en inglés ha traído consigo variaciones de lo más estilosas. Según sea el dibujo que trazan las perforaciones del Oxford, el zapato se puede clasificar en tres grandes grupos o modelos: lisos, semi-brogue y full-brogue. Y son precisamente estos broguerings o perforaciones, que ya realizaban los granjeros irlandeses en el siglo XIX para asegurar el secado rápido del calzado, las que marcarán la mayor o menor formalidad de la pieza.

Cuanto menos presentes estén dichos dibujos, más apropiados serán los zapatos en ocasiones serias o formales.

El modelo liso, carente de todo tipo de adorno exceptuando uno pequeño en la puntera, es ideal para las circunstancias sobrias. Al semi-brogue se le distingue por sus perforaciones marcadas tanto en su puntera recta como en la línea de sus orejas, y es el compañero perfecto para los trajes de estampados marcados que se visten en situaciones cotidianas. Finalmente, el full-brogue es el modelo más informal de los tres y se caracteriza por sus abundantes perforaciones, en puntera (forma de medio corazón) y palas. Esta última variación alcanza su esplendor con conjuntos de tipo casual, como, por ejemplo, el traje tweed.

De todos ellos, el zapato tipo Oxford liso es la opción perfecta para acompañar al chaqué; y, sí contará con la terminación de charol, también al esmoquin y hasta al frac (aunque, en ambos casos, o zapato opera pumps es la elección más distinguida). Por su parte, los semi-brogue no solo encajan con un traje cotidiano, sino también con un pantalón sport empleado en tiempo libre. Y para pasear por los paisajes rústicos que rodean las casas de campo, la idea más inteligente es decantarse por los full-brogue.

Dicen los ingleses que el marrón es el nuevo negro. Sí bien, a pesar de ello, todavía en Reino Unido los señores más tradicionales siguen inclinándose por el color negro para su calzado, en otros países, cómo Italia, el marrón oscuro es claramente la opción favorita. Nadie podrá tachar de inapropiada la combinación de un traje azul o gris con unos Oxford negros, pero hay que reconocer que los zapatos marrones, en tonalidades cercanas al coñac o al chocolate, consiguen un resultado igual de elegante y con un plus de estilo que rompe con la formalidad de colores demasiado graves. Igualmente, los zapatos en tonalidades burdeos o vino, siendo menos formales que los negros, quedan francamente perfectos al combinarse con trajes grises. La elección de un color diferente al negro, siempre y cuando la ocasión lo permita, introduce un toque de estilo a la indumentaria masculina que -en contra de lo que algunos caballeros pudieran pensar- cumple con las pautas más exigentes del protocolo.

Se opte por el clásico Oxford liso, por el estiloso semi-brogue o por el más rústico, pero también imprescindible, full-brogue, lo que todo gentleman debería tener siempre presente es que nunca ha de permitir que el peso de su traje de chaqueta recaiga sobre unos mocasines, por muy (tristemente) extendida que esté esa práctica en nuestro país.

Artículo escrito por: José María Lopez-Galiacho

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